
Leer el teatro: entrevista con Unai Elorriaga
Rasgo despojado, escribe casi sin adjetivar.
Reitera palabras, frases… hasta el agobio a veces…
Se percibe constantemente en su obra lo “negro”, lo “terrible”. Aunque solapa muchas veces esa sensación debajo de descripciones asépticas y bellas, que engañan, animan, mejoran el espíritu, para luego tirarlo otra vez por los suelos… ¿Tiene conciencia el escritor de esto?, ¿Busca adrede esta reacción en el lector?
Unai me mira, y se pone contento ante este comentario, dice que a veces le atribuyen una escritura naif, y eso le hace pensar que no siempre se entienden las cosas…
“Hay interpretaciones muy diferentes, el otro día, los enfermos de un psiquiátrico, interpretando mi primer libro, Un tranvía en SP decían que había cuatro personajes, y que los cuatro eran evangelistas, y que hablaban de mi, y que yo era como dios. Habían hecho una interpretación bíblica del libro… me gusta que se hagan interpretaciones curiosas…”
- A mí también me llamaron la atención esos nombres bíblicos
- Si, eso es lo que se hace al elegir un nombre de lugar o de persona, añadir un valor cultural a ese texto. Lo que quería era justamente despojar lo más posible de toda marca histórica o contextual a mis personajes. Sus nombres son entonces más internacionales, universales. Y en esta obra de teatro, Y los peces estornudaron ya no solamente no uso nombres bíblicos, universales, sino que utilizo nombres que no encuadran en ninguna cultura. O si se encuadran en alguna, hay otro nombre, inmediatamente junto a él que está en el otro lado, entonces claro, no sabes si es Australia, si es la República Checa, Islandia. En mi última novela también lo hago.
- Además tienen una música…
-Eso es, tienen un sonido especial, pero nunca identificable.
- Mitrofan tiene una sonoridad ampulosa…
- El nombre Mitrofan era el de uno de los tíos de Chejov, el escritor ruso. Chejov en la infancia lo pasó muy mal, parece que sus padres eran alcohólicos, por lo que pasó una infancia muy mala, y el único que lo trataba bien, era su tío Mitrofan, y a mí me pareció siempre curioso cómo con ese nombre que parecía el de un ogro, era el mejor de toda la familia. Y bueno, lo cogí.
Además Mitrófan o Mitrofán, también aparece en la novela que estoy escribiendo ahora en donde es un dictador: Es el nombre de un dictador. En esta novela son tres. Como pasó en Argentina, que había tres dictadores…
- Dictador por tierra, por mar y por aire…
- Eso es, Mitrofan es el principal y luego tiene otros dos como lugar tenientes y entre los tres manejan todo.
Escribir el teatro. Apostillas a Y los peces estornudaron
- Qué fue lo que te motivó a escribir una obra dramática, el cambiar de género así, luego de haber transitado la narrativa.
- La verdad es que siempre me ha gustado el teatro escrito o leído, ya no tanto el teatro en si.
- El espectáculo…
- El espectáculo, a veces me parece demasiado forzado, pero bueno hay teatro que me gusta ver, pero el escrito y leído me ha gustado porque los que escriben dramas, saben muy bien, se fijan muy bien en la manera de hablar de los personajes, de las personas, a las que convierten en personajes. Y eso siempre me ha gustado, fijarme cómo habla la gente, cómo habla cada edad, cada estrato social, cómo cambia el habla, quizá en una misma familia, según la edad, el estatus que vayan cogiendo con sus estudios, van cambiando de lenguaje. Siempre me fijo en ello y me gusta diferenciarlo en mis personajes, ponerles a uno un habla a otro otra, a cada uno su idiolecto. Me parece que los que escriben drama lo hacen muy bien, lo hacen de una manera muy rica y muy veloz.
- Como con un ritmo…
- Eso es, con un ritmo frenético y veloz. Siempre me ha gustado leer teatro, pero me daba miedo escribirlo, me parecía que se me escapaba algo, algo que no acertaré a dar, y esta obra la escribí como prueba.
-El final de la obra es profundamente literario, alcanza su intensidad siendo leído, si se coge el romance vasco… Además está la alusión a Poe.
- Claro, claro, eso no tiene lugar en un tablado
- o tendría que ser una voz en off…
- No, no, yo creo que no, yo creo que eso es para ser leído. Es que dónde se representa la obra también cuenta, porque si se representa en Bilbao o en Guernica por ejemplo, puede que se cante, la gente lo entiende, sabe de dónde viene y ya está.
Yo creo que en las obras literarias siempre hay que dejar algo oscuro. Aquí me propuse montar ciertos detalles para que el propio espectador en este caso, piense por dónde he ido yo, o por donde quería tirar, o interprete más cosas.
Ahora con respecto a la representación, creo que ya es otra cosa. Una cosa es cuando acabas de poner el punto final y otra cosa es cuando se la representa. Pero yo creo que si no se representa la obra está igualmente perfectamente acabada. Hay escritores que dicen que no, que ellos escriben sus obras como borradores, y que si no se representan, eso nunca está acabado. Bueno, pues yo creo que no, yo creo que el texto es el texto y que se puede leer, yo he disfrutado muchísimo leyendo obras de teatro, de hecho, ahora cuando estabas diciendo lo de Poe y tal, he recordado la obra de Ionescu “la cantante calva” y empieza: un interior inglés, con el señor Smith, un inglés, la señora Smith, una inglesa que está cosiendo calcetines ingleses, tiene puestos en los pies zapatillas inglesas, y es todo el rato, y el reloj de cuco canta catorce veces en inglés, entonces es una parodia a estas obras inglesas, esto es evidente que necesita una voz en off, y nadie puede dudar que Ionescu es un gran escritor de teatro.
- Y los peces estornudaron es un título muy sugestivo. La obra es una polifonía de voces, son como líneas musicales que conforman una melodía. Dentro de esas líneas una es la de las imágenes…
U: los cuadros
- Si, uno, la visita inoportuna me parece que es la imagen presagio de la obra, es como algo bello, terriblemente exuberante que es cortado, hay algo que ahí pasó, pasa algo que interrumpe… Y el discurso de la queja: Qué nos pasó a los hombres, dónde estuvo la falla, por qué tenemos que vivir esto que vivimos. Y a partir de esa imagen, que es la fundante, salen dos imágenes figurativas que casi con el mismo tema se transforman después en abstractas. Entonces quisiera que me cuentes qué pasa ahí, en ese recorrido de imágenes.
- A mí me suele gustar que en las obras no haya sólo un hilo. En la obra está lo femenino y lo masculino. Las mujeres matan al vigilante. Ese es el colofón final. Se está hablando de arte, cada vez que hacen algo es una reflexión sobre ello. En mi primer libro decía que los museos son el anti arte, el arte para mi es “lo único”, es decir ver un cuadro y ya está, disfrutarlo durante horas. En un museo es todo lo contrario, hay tantos únicos que ya ni es único ni es nada. Pasa igual con los poemas, nunca puedo leer cien poemas seguidos, me parece el anti arte, por eso me parece mejor una canción para la poesía. ¿Por qué no hay más poetas que escriban para músicos y más músicos que pidan a poetas?
En mi segundo libro aparece un museo en donde sólo hay cinco cuadros
- y a uno se lo comen los insectos…
- Si.
- La imagen del museo es recurrente en tu obra.
-El escritor italiano Alessandro Baricco tiene una librería en las que sólo expone de 4 a 6 libros por vez, para poder dar información detallada de los mismos, mostrar videos, etc. Yo creo que eso es el arte, “lo único”, entonces aquí abundo en eso, ¿no?, porqué no puedo robar yo y exponer sólo tres cuadros en donde lo van a apreciar más que en un museo que hay un vigilante aburrido, ¿a dónde va ese arte? Porque incluso los hombres lo disfrutan…
-Baros lo controla.
- Eso es, porque llevan muchos días viéndolos, los han apreciado, degustado y luego la evolución, pasar de lo figurativo a casi lo mismo pero abstracto… pero puede que no sea evolución. Los he elegido así para exponer también lo que ha dado el siglo XX, alguno de esos cuadros parece del XVII y son del XX.
- Tu obra comienza con peces y termina con cuervos…
- Es que si, los animales y los insectos están siempre presentes. Muchas veces para explicar comportamientos que de tanto repetirlos ya no nos suenan a nada, bueno muchas veces es más llamativo utilizar un pez, un cuervo, un escarabajo que es con una metáfora colorista.
- El siglo XX, decíamos, es una gran coctelera…
- Si en todo, en arte, en política, en todo, de cada hilo salen un montón de hebras. Y en esta obra hay muchos hilos. Los hilos femeninos y masculinos se mueven como en una novela negra… hay algo por detrás, hay un veneno, pero no sabemos nada más.
- Hay planos para poner bombas y robar cuadros… hay que saber interpretar y descifrar…
- Son novelas negras, una sin final…
- Lo femenino mata al vigilante del museo, el vigilador de cuadros, para llevárselos a tapar con ellos las paredes vacías del mundo. Las líneas de lo femenino y lo masculino se enfatizan con la especialidad y el juego de luces. En el comedor comen y piensan sólo los hombres, en la oficina, las mujeres. La cocina no se ve nunca. Lo masculino transcurre en el centro de la escena. Pero este centro es invadido por las mujeres porque allí se sitúan los cuadros: un mundo “pintado” para “acomodar” el mundo real.
Pero otra línea melódica son las voces, los gritos y las campanas. Tú me comentaste que los gritos son la voz del mundo, es lo que sucede en él.
- Así es.
- Mientras unos duermen tan tranquilamente…
- El comedor, puede ser el comedor y puede ser el mundo también. Claro es difícil hacer presente el mundo pero lo hice a través de las voces, porque las voces tienen mucha fuerza, pero son muy difíciles de reflejar, tienen mucha fuerza en la mente humana, por ejemplo, los esquizofrénicos escuchan voces, esas voces transmiten cosas que no trasmite una imagen.
- Más en una obra de teatro…
- Eso, en una obra de teatro, un actor de teatro controla muy bien la voz, pensé que sería perfecto para atrapar al espectador, crear una atmósfera, si te fijas la obra comienza muy natural, parece que no pasa nada, son unas personas inocentes, que van a hablar sobre tonterías, sobre un yogur… pero poco a poco se ve que ahí hay algo muy gordo, y las voces ayudan a meter al espectador en esa atmósfera. El comienzo es con dos tarados, que no tienen ninguna fuerza, son excluidos, no pintan nada en esta sociedad y están ahí hablando de tonterías. Pero luego poco a poco el lector va montando la historia. Plantear siempre dudas en el lector es mi meta.
- Y están también las campanas, que aparecen para arengar: volver a poner la cabeza donde hay que ponerla, el toque.
- Eso, cuando se empiezan a relajar un poquito, tac, toque de campana, como el toque de queda, cuidado, estoy aquí, aparece a veces la silueta y a veces no, pero estoy aquí, es que hay muchas cosas…
- Cuál es la efectividad de las bombillas de colores, y las banderas en la obra y los países ricos y pobres, porque da la impresión al leerlo que se desprende del resto. Resulta hasta un poco burdo. Pero a la hora de la representación quizás funcione bien, porque mete al espectador en cierta atmósfera, ¿es adrede?
- Es más pensando en la representación, tu lo lees y dices país rico, país pobre… aparecen unos gritos, colores… para cuando te quieras dar cuenta, vuelve la luz… es lo menos literario, es más por la representación. La idea es oscurecer, gritos, llanto, es un bombardeo… cara de Papa y se acaba todo, no es estar cinco minutos, es un bombardeo repentino.
“Hay una época social en mi literatura”
- Repasando tus otras obras y comparándolas con esta, aquí aparece “lo malo” marcado. Es más, hay una denuncia deliberada justamente a lo social, a lo político, a lo que está pasando. En las otras, en cambio, está latente. El mal está visto más desde lo existencial. ¿Estás madurando una nueva forma de encarar la escritura?
- Si, este es un cambio muy reflexionado. Porque al principio empiezas a escribir y no te das cuenta de hacia dónde va tu literatura, hasta dónde puede llegar. Ahora me estoy dando cuenta que puede llegar a Argentina, a EEUU, sin ir más lejos. Cosas que cuando comienzas no las piensas. Al principio escribes en tu habitación, y piensas que estás haciendo una locura con unos personajes que conoces por la calle, de tu tío, cosas que crees que tienes que contar porque te parecen literarias, cosas que no has leído en ningún sitio, cuando comienzas lo haces contando historias con ironía, saltando, jugando, y poco a poco cuando esos libros se abren, te das cuenta que tienen más fuerza que la que tú crees al principio que tienen, entonces ves que puedes protestar, que lo que escribes llega y quizá pueda tener peso, o ser testimonio, y que puede leerlo un chaval que el día de mañana sea por ejemplo presidente de la comunidad económica europea. Puedes entonces hablar de las cosas que te llegan hasta el fondo y protestar o lanzarlo para que otros reflexionen, y a lo mejor así se eviten males. Puede llegar, vivimos en una época que creemos que ya no existen barbaridades, y eso no es así… por eso estas cosas aparecen en esta obra y en la novela que estoy escribiendo.
- ¿Qué es para ti la literatura?
- Decía Julio Cortázar, que la literatura es jugar y hablar del amor, del erotismo y tal, pero que sobre todo es jugar.
Cuando comencé a escribir escribía para pasármelo bien y jugar, sin más, pero poco a poco me fui dando cuenta que cuidado, te vas metiendo en sitios y que ya eres una voz… pero por supuesto sigue siendo juego para mi, escribir una obra ficticia es juego pero también es algo más, y por eso escribo sobre lo que me importa. Porque a pesar de que era juego en mis tres primeras novelas, también he escrito sobre cosas que me importan mucho, y que son muy serias como la enfermedad, la muerte. Pero parece que a partir de ahora hay una época social en mi literatura, ¿no?, quizás sea para siempre, o quizás no, se agote.
- Estás escribiendo todo lo que tiene que ver con la denuncia, no sólo plantear el malestar sino tratar de interpretarlo.
- Yo doy mi interpretación pero no es demasiado clara, ¿cómo acaba esta obra? Acaba con una explosión, nadie sabe quien ha sido, saben quien la ha puesto pero no quienes le han mandado. Yo tengo mi interpretación pero quiero que quien vea la obra en un teatro tenga esa u otra.
- Esta obra al final vuelve a tener un guiño existencial porque todo vuelve otra vez a acomodarse en la cosa que no va, esto no va, algo está funcionando mal pero todo queda en el mismo sitio, volvemos a tomar sopa, y nos sentamos. No podemos salirnos de nuestro sitio, ¿es así? ¿Así siente Unai Elorriaga?
- Bueno, hombre, me gustaría pensar que no. A mi me pasa que cuando más sufro es cuando estoy a punto de dormirme, hay un momento en esa vigilia, de repente te das cuenta de todo lo que pasa en el mundo, gracias a dios es un tiempo muy corto, sino, si estás todo el rato pensando lo que eres tú, lo que te va a pasar y bueno, lo que pasa en el mundo, no podríamos seguir.
Soy conciente de que lo que importa hoy en el mundo son los intereses económicos. Los intereses políticos están para manejar el dinero, lo único aparte quizás sean los intereses religiosos.
- Si, pero no sé hasta qué punto no están manipulados.
- También, también, si. Es que es un poco triste… Lo cierto es que con mi escritura intento poner algo que se quede en la retina de la persona, para que luego esa persona siga reflexionando sobre lo que ha leído. Una vez un escritor decía que la literatura era como ir por una avenida, con árboles alrededor en la que no tenías que encontrar escollos, todo debe ser uniforme sin tropezarse, yo creo que es todo lo contrario, cuando no te encuentras con ninguna traba, aceptas las cosas de tanto que las has oído y no te producen nada. Te vuelves más cínico. Yo pongo una traba cada tanto para que el lector se choque y diga: ¡esto que es!
Oficio
-¿Tienes rutinas y trucos a la hora de escribir?
- A la hora de escribir cuesta mucho, porque la primer metáfora que te viene a la cabeza, es la misma que le vendría a todo el mundo, sigues pensando sobre esa cosa, y la segunda que te viene a la mente todavía hay bastante gente que la usaría, la tercera quizá ya hay un poco menos, y así vas limando gente, llegas a una metáfora extrañísima, y unes dos elementos ya totalmente discordantes a primera vista…
Y esa reflexión es la que no pensaría ya nadie, o unos pocos. Entonces es la que quiero que se quede en la retina del lector… pero bueno así tienes que estar sobre cada frase.
La idea de mi primera novela la tuve cuando estaba estudiando la carrera, en el 1992 o1993. Comencé a escribirla en el 1997 y ya tenía todos los símbolos del tranvía, las olimpíadas, los montes… Iba apuntando, cogiendo citas, de la biblia muchas, iba hilando esa novela. Luego comencé en el 97 y se publicó en el 2001, otros cuatro años más escribiéndola, tiene una reflexión detrás de muchos años. Yo creo que es la manera de hacerlo.
Escribo una cantidad de horas al día y leo para informarme sobre los temas que estoy tratando, para meterme en la atmósfera… por ejemplo en las dictaduras, la paranoia. El personaje de mi última novela es un personaje in absentia, no aparece en toda la novela, desapareció hace veinte años y dejó una carta donde decía “este verano vuelvo”, ella desapareció en época de la dictadura, entonces su hermano y los amigos que la esperan, lo hacen desde un tejado, vigilando estación y carretera, y se la pasan toda la novela pensando porqué desapareció, él descifra, la chica era esquizofrénica, entonces se mezclan la paranoia individual y la general… lo real y no… Escribirla ha sido difícil, llevo desde el 2005…
Yo creo que todo el que tiene un poco de habilidad en la escritura y le dedique tiempo de verdad sacaría cosas que extrañarían al lector, no es genialidad, es trabajo.
- ¿Cuánto pones de ti en tus personajes?
- Hombre, bastante la verdad, aunque cada vez menos, en las primeras novelas si, en la primera el viejo es parecido a mi, la gente me decía “que bien reflejas a una persona anciana”, y yo pensaba “sus ideas son idénticas a las mías”
- Las tías son personajes importantes
U: si, mis tías eran como madres para mi, mi madre cuidaba a mi padre, que estaba muriendo…
- Tus personajes se cargan simbólicamente. En Mitrofan está lo malo, el mal, el diablo, ¿o el gran creador?
- Eso es. Esa voz está por encima. A veces puede ser bueno, a veces malo, pero siempre perjudicial para los pequeños, será bueno para él y su entorno pero poco más. Además en la obra de teatro está el comedor social pero podría ser un pueblo, una comarca…
Una comarca-Elorriaga en la que vas transitando como si fueras por esa avenida de txopos (álamos) tan tranquilo, aparentemente… y que luego percibes, te has caído cinco veces. Paras, haces tus propios silencios, tratas de avanzar pero estás retrocediendo, intentas por el otro lado o vuelves por el mismo sendero. Y notas que te has quedado enganchado en más de una rama. Lo cierto es que al final del camino estarás magullado, con trozos de tronco y hojas en tus manos, sí. Así es leer a Unai Elorriaga.
Y con una imagen en tu retina… no pararás de pensar…
Entrevista: Carla Scuderi
Edición: María Eugenia Romero
© Letranómada | Quiénes somos | Contacto | Links | Sitemap