
El escritor Gonçalo M. Tavares es una de las más interesantes y originales voces surgidas en la escena literaria portuguesa de los últimos tiempos.
Rara vez la crítica especializada se muestra tan unánime: fascinante, desconcertante, inteligente, genial son sólo alguno de los adjetivos con los que se lo señala. Gonçalo está dando que hablar en toda Europa. Y tiene con qué. A partir de su primer obra publicada en el año 2001, Livro da dança, Gonçalo deja en claro que su propuesta apuesta a la novedad tanto en el aspecto formal como en el de los contenidos. A este libro le siguen 20 más y varios premios -entre ellos el premio Saramago por su novela Jerusalém (2005) y el premio Telecom Brazil 2007-, en un ritmo vertiginoso de edición que se propone también como una nueva política:
‘Comencé a publicar tarde, a los 31 años, cuando ya tenía varios libros escritos. Muchos libros salieron todos juntos como una forma lúdica de desarmar lo dicatatorial del mercado editorial que impone tener que publicar un libro por vez cada cierta cantidad de años. Comercialmente, esta forma me puede jugar en contra. No se le puede dar a todos los libros la misma atención y a veces obras que yo encuentro muy interesantes pasan más desapercibidas privilegiándose alguna otra.’
El universo de Gonçalo M. Tavares propone un nuevo paradigma en la literatura. Quien se acerque a sus libros no podrá dejar de sentir que está pisando un terreno desconocido. Sus recursos, formas, géneros y contenidos lo dejarán perplejo. Porque Gonçalo perturba la idea de realidad, recrea modelos, dialoga con otros escritores y artistas, incorpora nuevos lenguajes: la matemática, la lógica, la física, el dibujo. En cada obra crea mundos autónomos que se van interrelacionando orgánicamente entre sí. El resultado es sorprendente: una obra que puede leerse como un ‘sistema fluido’ y que el mismo autor va agrupando en diversas colecciones.
A grandes rasgos, los libros de ‘evasión’, la serie O barrio / El barrio donde ‘viven los señores’ con los cuales Gonçalo se siente en algún punto hermanado. Este barrio que sigue creciendo desde que apareció O senhor Valéry en 2001 (traducido al español en Mondadori) desafía toda noción de género. No es de extrañar encontrar estos ejemplares catalogados como ‘literatura infantil’ en los anaqueles de las librerías.
Porque es difícil definir ese gran despliegue de ironía, sutilidad, melancolía, humor, alegoría, sátira velada, diálogo y ruptura que hay en las páginas de los libros que componen ese barrio en el que Gonçalo planea vivir para siempre. Otros títulos de la serie son O senhor Brecht (2004), nuestro O senhor Juarroz (2004), O senhor Walser (2006), O senhor Calvino (2005). Y, por fortuna, otros más. Y aún más por venir.
Un grupo totalmente diferente lo componen los libros más ‘densos’, los livros pretos / libros negros en donde Gonçalo investiga el problema del mal: el mal y las condiciones que hacen que éste surja en el hombre. Tres formidables novelas integran, hasta ahora, la subserie O Reino / El Reino: Um Homem: Klaus Klump (2003), A máquina de Joseph Walser (2006) y Jerusalém (2006), una verdadera y escalofriante obra maestra. Estas obras comparten un tono. Lo sombrío de la investigación del mal, los límites de la abyección y la locura. La narración es cruda y distanciada. Hay personajes que se interrelacionan de obra en obra en un tiempo y espacio sin referencias concretas -aunque sutiles indicios especialmente a nivel fónico en los nombres propios de los personajes y espacios, o narraciones de ciertas situaciones conocidas hicieran pensar en cierta localización geográfica, estas novelas podrían suceder, sin embargo, en cualquier parte. Lo que resulta es la novela como forma de indagación. El autor se propone ‘comprender el mal y la locura’ y busca que ‘el lector quede más confundido y con más dudas al finalizar el libro para que pueda hacer una indagación propia’. Porque, recordemos, la escritura es una forma de investigación. E ‘investigar es prolongar la mirada’.
Agua, Perro, Caballo, Cabeza e Historias Falsas son los dos primeros libros de Tavares editados y traducidos en la Argentina.
El primero son relatos tan breves como violentos que giran en torno al problema del mal y constituyen una excelente manera de introducirse en las novelas del Reino.
-¿Cómo se gestaron estos relatos en relación con las novelas? Independientemente de la fecha de aparición hay temas, tonos, personajes que están siempre dando vueltas… ¿por qué la elección del cuento como género? ¿Se trata de gérmenes, bocetos o adaptaciones?
-Estas pequeñas historias fueron escritas de noche, después de las novelas, al revés de la mayor parte de mis libros que escribo por la mañana. Son historias que mezclan muchas cosas: noticias, ficción, biografía. Yo llamo a estas historias “canciones” porque las veo así. Quisiera que fueran leidas como si fuesen canciones, por ejemplo de Leonard Cohen: tienen un sentido y sensasiones no muy explicables. Son historias urbanas, rápidas.
Pero las obras densas, por momentos, abruman. Y cuando Gonçalo se siente demasiado invadido por ellas escribe otras cosas: los Señores o textos totalmente inclasificables como la serie Bloom Books (aforismos sin trama), o Biblioteca (conjunto de citas), o sus Investigacones geométricas (¿qué figura geométrica representaría, por ejemplo, a los celos?) o Historias falsas, editado por Letranómada, en donde el autor juega con las tradiciones culturales reconstruyendo su propio panteón.
Porque a Gonçalo M. Tavares le interesa también ‘una literatura de evasión, una literatura fundante que crea su propio universo en donde uno puede estar, moverse, identificarse o no, paralelo a la realidad. Porque ¿la realidad cuál es? Pero sucede que es peligroso quedarse en este mundo cuando afuera sucede la guerra, la tortura, los asesinatos, el mal. Por eso las dos funciones de la literatura -si es que la literatura tiene alguna- son las de en-cantar y desen-cantar. Ese canto y ese desencanto (el universo propio y el mundo paralelo) es como una danza. Y uno puede bailar hasta perder toda referencia y toda la conciencia.’
-¿Podríamos incluir a Historias Falsas en este grupo? ¿Por qué? ¿Qué lo motivó a escribir estas historias?
-Historias Falsas es una especie de curso ficcional de filosofía clásica. Quise aprender algo sobre los filósofos clásicos pero aprendiendo e inventando. Parte es falso, parte es verdadero
Creo que una de las tareas de un escritor es descubrir nuevos autores.
Por eso no siento ninguna “angustia de las influencias” y me siento influenciado, sin exagerar, por centenas de autores. Lo que quiero es recibir más y más influencias, Quisiera cada semana ganar más influencias tanto a nivel de escritores como de otros artistas. Lo que es peligroso para mi es estar influenciado solo por uno o dos autores. Creo que solo se puede encontrar un camino propio y original si se conoce lo que los otros hacen. Movimiento, siempre movimiento es lo que me parece fundamental.
Gonçalo M. Tavares practica una escritura que llama ‘quirúrgica’. Lo que se puede extraer se extrae. Sus textos son breves y cada palabra es necesaria. Prefiere que la escritura sea como una línea recta que va de un punto a otro punto.
Gonçalo pide un ‘lector lúcido’. ‘En un mundo en el que el arma más poderosa ya no son tanto las ametralladoras sino el lenguaje es necesario, para evitar en lo posible ser manipulados, aprender a descifrar lo que se nos dice y enfrentarlo con lucidez’.
Como sus personajes, Tavares tiene palabras claves. Sus palabras claves son dos: Hacer y Lucidez.
Quizás uno de los aspectos más interesantes de la escritura de Gonçalo M. Tavares sea la materialidad de sus imágenes que se imponen con brutalidad y que asimila a elementos abstractos o intangibles como pensamientos, ideas, sentimientos, deseos, temores y todo tipo de emociones, objetos físicos y elementos concretos y contundentes.
‘Para mí es fundamental hablar siempre de cosas concretas, físicas, tocables. En un pequeño libro de ensayos, Breves notas sobre ciência escribí que ‘aquello que no puedo dibujar no me interesa’. Es sólo si puedo dibujar lo concreto -que existe- mesa, silla, brazo, etc.que algo me seduce. Por otro lado soy un lector de ensayos y obras filosóficas y siempre consideré que la literatura tiene que tener ideas, raciocinios. Es de esta mezcla entre lo que es ‘dibujable’ o palpable y la necesidad de tener ideas que nacen mis libros.’
Por último Tavares juega (nunca el término estuvo tan bien utilizado; el lado lúdico de su obra es innegable) con la paradoja. En su propuesta tiende a hacer coincidir el azar y la fatalidad, lo individual y lo general, la naturaleza y el artificio.
‘Yo escribo libros porque no sé. Escribo para tratar de concebir aplicaciones diferentes, situaciones diferentes. Huyo de las definiciones últimas. Me gusta la idea de definiciones efímeras para poder continuar. Definición en su origen conlleva la idea de decir la última palabra sobre algo: de-finir. Me gusta lo categórico, las afirmaciones fuertes porque éstas obligan a reaccionar. Pero puedo definir destino, azar, naturaleza y artificio de una forma antagónica en dos líneas seguidas de mis libros.
En cuanto al tratamiento de lo individual, me gusta seguir lo individual porque me permite dar más atención a los pormenores y sentir mayor proximidad. Pero no me interesa lo individual como caso único, que no sirve para pensar sobre estos casos. Porque para mí pensar es estar frente a una cosa e imaginar otras y otras aplicaciones. Pensar es por lo tanto, de cierta manera, una transferencia de lo particular hacia lo general –y también lo contrario–. Se exige este movimiento entre lo pequeño y lo grande.
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